El juego y la importancia de practicarlo desde una temprana edad - definiciones


Importancia del juego en bebés. Identificación de problemas en bebés que se pueden solucionar por medio de juegos. Desarrollo evolutivo de las personas a través del juego.

El juego es la acción de jugar, o sea, el conjunto de acciones que sirven para divertirse. Por lo tanto, la finalidad principal del juego es la diversión.

El juego no es una actividad específica del ser humano, sino que es propia de cualquier especie animal superior. De la misma manera que los animales superiores entran en la motricidad mediante el juego, así también lo hace el niño.

Este paso paulatino al mundo de los adultos implica una doble evolución: a nivel físico y a nivel psico-social.

El juego tampoco es una actividad exclusiva de la infancia, ya que el ser humano disfruta del placer del juego desde el nacimiento hasta la muerte. En cada etapa de la vida tiene sus características y unos fines diferentes, ya que los intereses y motivaciones de cada grupo de edad son, también, diferentes.

Así, el componente motor del juego en las primeras edades disminuye progresivamente, aumentando, por el contrario, la complejidad del juego. Las formas del juego adulto son más sedentarias y, a veces, son utilizadas de forma inconsciente. Esto puede representar para el adulto un medio equilibrador de su vida, favoreciendo en gran medida su relación con los otros.

INDETIFICACIÓN DE LAS DIFICULTADES SENSORIALES.

Algunos de los problemas relacionados con las dificultades en la integración sensorial son los siguientes (Hay niños que sólo tienen algunos de estos problemas, hay otros que presentan muchos de estos problemas... cada caso es individual, como siempre).

Bebés:

- Bebé muy irritable, le disgusta estar en brazos.
- Bajo tono muscular (muy blandito).
- Problemas en los ciclos del dormir.
- No le gusta estar tumbado de espaldas .
- Llora con muchísima facilidad, sin un motivo aparente.
- Desarrollo lento, o por debajo del esperado a nivel motriz.

1 a 3 años:

- Baja atención.
- Niños torpes, patosos.
- Problemas en la articulación de sonidos, lento desarrollo del lenguaje.
- Demasiado afectables emocionalmente cuando se hacen daño.
- No perciben el dolor.
- No le gusta caminar en superficies distintas (arena, nieve, hierba, entre otras).
- Es muy temeroso a determinados movimientos.
- Es muy quisquilloso en la comida, come sólo alimentos concretos.
- Rechaza muchos alimentos por su textura.
- Se sobreexcita frecuentemente sin motivo aparente.
- Le distraen los sonidos de fondo.

Infancia de 3 a 8 años:

- Problemas de motricidad fina (escribir, dibujar, cortar con tijeras, pintar, etc).
- Dificultades de coordinación motriz, es un niño patoso, torpe.
- Hiperactividad (no está quieto, se columpia, salta o gira durante horas sin parar).
- Hipoactividad (siempre se queda en clase, sin moverse demasiado).
- Dificultades atencionales, con o sin hiperactividad.
- Le dan miedo las actividades de motricidad gruesa (correr, saltar, el fútbol, etc).
- Se cae o tropieza con facilidad, choca contra los objetos.
- Baja autoestima, se frustra con gran facilidad, llora con mucha facilidad.
- Pocas habilidad sociales, de relación con los demás niños o con los adultos.
- Impulsividad en sus acciones, agresividad.
- Retraso en el lenguaje, ya sea en la fluidez, en la pronunciación o retraso general.
- Tiene muchas pataletas que no tienen una justificación aparente.
- Parece entender sólo a veces.
- No le gustan los cambios de actividad o las modificaciones en la rutina diaria.
- Frecuentemente rompe sus juguetes sin quererlo mientras está jugando.
- No le gustan determinados tipos de ropa (por su textura).
- Problemas de aprendizaje en el colegio.

El NIÑO A TRAVÉS DE LOS AÑOS: 0 a 2 AÑOS:

El juego comienza desde que el niño nace, ya que sus reflejos tienen un sentido funcional. Vemos cómo juega en un principio con su propio cuerpo, junta las manos, se agarra de los pies, etc., apareciendo nuevas formas de juego a medida que el niño empieza a actuar dentro de su mundo y a enfrentarse a él, introduciendo en sus ejercicios todos los objetos posibles y encontrando satisfacción y placer al poder interactuar con ellos.

En estos primeros meses los bebés sienten curiosidad por otros bebés y los examinan cuidadosamente, pero sin llegar a entablar un verdadero contacto social entre sí.

Entre los seis y ocho meses el niño tratará de incluir en sus juegos a todas las personas presentes, su juego se torna experimental y funcional, pero aún no es capaz de jugar desempeñando papeles o creando normas nuevas. En esta fase los niños suelen demostrar afecto hacia los otros niños. El juego forma parte importante de la vida de un niño entre el noveno y el duodécimo mes, ya que esta es esencialmente una etapa de exploración. La noción de peligro para él es inexistente, por lo tanto será necesario brindarle todo un espacio y los elementos para que interactúe no solo con los objetos sino con las demás personas que lo rodean. Sus juguetes favoritos son aquellos que le permiten llenar y desocupar.

Al comenzar a erguirse el niño encontrará variadas formas de realizar sus juegos, ya no dependerá de la ayuda de un adulto para hacer aquello que se ha propuesto.

En la etapa que abarca de los doce a los 24 meses, el niño adquiere interés por los materiales que manipula y que le sirven a la vez para construir, lo que le permite desarrollar inmensamente su capacidad creadora.

Realiza sus primeros trazos, los cuales no son legibles; no utiliza los dedos ni la muñeca para controlar lo que esta dibujando, ni tampoco el control visual, solo garabatea.

DESARROLLO EVOLUTIVO A TRAVÉS DEL JUEGO: 2 AÑOS:

Aparecen aquí los juegos de imitación en los que el niño imita con su acción, comportamientos y actitudes, dándoles con su imaginación una nueva interpretación. Mostrar, compartir, dar, recoger y apropiarse de los objetos son la base de las interacciones sociales. Aprenden a retener y recrear la imagen mediante dibujos. Le dará de comer a la muñeca, después la pondrá a dormir y la levantará para arreglarla de forma muy realista.

Al encontrarse el niño reunido con otros niños necesitará que un adulto conocido se halle cerca de él, para así ser atraído por sus compañeros; es capaz de jugar por un corto periodo de tiempo en grupo.

Su bajo nivel de interacción se debe más que todo al interés que para ellos aún tienen los juguetes. Por ello él arrebatárselos y su tendencia a llorar cuando se encuentre en situaciones grupales, ya que el juguete en manos de un compañero es más atrayente que un juguete en el suelo.

A esta edad diferencia y ajusta adecuadamente la acción al objeto. Ya no se meterá todo a la boca, ahora sólo cogerá la cuchara para llevársela a la boca. Combina objetos que concuerdan entre sí, como el plato con el tenedor.

El triciclo significa que saldrá a dar una vuelta en él, lo que hará que sus demostraciones de alegría sean más notorias.

Transforma los objetos para usarlos de acuerdo con sus necesidades, cualquier lápiz le servirá de cuchara. Estos avances significan el comienzo de la representación simbólica y un requisito para el desarrollo del lenguaje y del pensamiento abstracto.

Los juguetes sencillos le facilitan la proyección de sus fantasías. No son muchos los que necesita para jugar; exagerar la cantidad podría confundirlo.

Tampoco precisará de grandes espacios, pero sí sentirse dueño de su espacio. Igualmente requiere saber que algunas cosas pueden reponerse, es mejor que darle algo que ha sido arreglado que cambiárselo por otro nuevo.

En esta etapa comienza el garabateo; en un principio sus trazos son desorganizados y al azar, pero a medida que se va desarrollando los va organizando y controlando.

Al avanzar en esta etapa logra poner algo de control visual sobre los dibujos.

DESARROLLO EVOLUTIVO A TRAVÉS DEL JUEGO: 3 a 4 AÑOS.

Hacia los tres años pasa al juego cooperativo con conversación, ya que su lenguaje hablado se encuentra más avanzado, lo que le permite discutir y atribuir los papeles necesarios para una actividad en común.

El juego social con movimiento se da a esta edad y en algunos casos desde antes, ya que el niño puede interactuar siguiendo instrucciones o imitando el movimiento de otros.

Desde los tres años necesita ver cierta limpieza y orden entre sus juguetes, su habitación, su ropero, etc. Atribuye a los objetos capacidad de acción deliberada: hará que la muñeca tome de la taza, para después lavarla; se observan así ciertos rasgos de independencia en su comportamiento, pues ya no es necesaria la presencia de un adulto para decidir sobre todas sus actuaciones.

La pasión de los varones son los carros, locomotoras, trenes, etc., pasión que es compartida mas no reforzada en las niñas.

Tiene más conciencia de su YO. Es espontáneo: su cuerpo expresa todo sin inhibiciones. Siente una gran necesidad de ser querido y alabado, ya que estas actitudes le refuerzan su autoimagen.

Es la edad de la gracia, por eso sus juegos serán en ocasiones representaciones para ser visto y escuchado por los adultos. También se presenta la crisis de los tres años: quiere ser independiente, terco y obstinado, haciendo lo que está prohibido para demostrar que es autónomo, es igualmente negativo hacia los adultos que le cuidan. Reconoce tres o cuatro colores, dice su nombre. Edad, sexo, pregunta mucho y diferencia las categorías de alto-bajo, arriba-abajo. También será capaz de comprender los pequeños dramas de sus libros de cuentos que tienen un inicio, un trama y un final.

Hacia fines del tercer año el niño aún se encuentra en la etapa del garabateo, logrando sí ya a esta edad dibujar objetos reconocibles, principalmente figuras que se asemejan al ser humano. Podrá copiar un circulo mas no un cuadrado, descubriendo ciertas relaciones entre lo que ha dibujado y algo en el ambiente.

Igualmente el niño comenzará a dar nombres a sus garabatos, aumentando la cantidad de tiempo que le dedica al dibujo.

Mostrará preferencia por compartir sus juegos con un número indeterminado de niños, preferiblemente los más conocidos o con los que esté más acostumbrado a interactuar

DESARROLLO EVOLUTIVO A TRAVÉS DEL JUEGO: 4 a 5 AÑOS:

El juego a los cuatro años tiene un fin determinado, utiliza diferentes materiales para construir lo que desea específicamente. Dedicará algo de tiempo para estar solo y aprender a reconocer qué es lo real del juego y qué es lo imaginario.

Las dramatizaciones son parte de su diversión diaria, se transforma en personajes y objetos imaginarios, siendo sus intereses poco duraderos, por ello cambia fácilmente de actividad, pasando de una a otra con rapidez.

Desde el cuarto año hasta los inicios del séptimo año, se dice que el niño pasa a la etapa pre-esquemática (en la que cualquier garabato que haya dibujado representa algo. Por ejemplo: tres líneas son para el niño una casa), logra sus primeros intentos de representación, dibujando muy esquemáticamente una figura humana y aquellos objetos con los que se encuentre más familiarizado en su medio.

Desarrolla la personalidad, sus respuestas emocionales y sus comportamientos se adaptan a su propio sexo, por eso encontramos que el juego en los varones será más brusco que el de las niñas. Los padres se convierten en su personaje principal de admiración y de identificación.

Siente ansiedad por el futuro, temor a perder el afecto y a ser castigado, se presentan las preguntas sexuales y se hacen más evidentes las dificultades en el aprendizaje, en el lenguaje y en el temperamento.

Todo lo anterior lo expresa mediante el juego, pues como ya conocemos, este es un medio para canalizar todos los sentimientos.

El pintar es uno de sus juegos preferidos; dibuja muy primitivamente una figura humana, con las partes principales de su cuerpo; conoce el día de la semana; habla claramente; pregunta por el significado de las palabras; reconoce cuatro o más colores; desarrolla el sentido de tiempo y la capacidad para simbolizar experiencias y para enfrentarse a las ideas complejas.

Protesta cuando se le exige realizar algo que no desea hacer.

Siente la necesidad de expresar sus ideas en una gran variedad de formas: mediante el arte, el lenguaje, el juego dramático, la música y el movimiento.

Es importante darle las oportunidades para recordar, planear y organizar el juego; hacerle contar y seleccionar los objetos y reconocer los colores, conversar con él y ganarse su confianza.

DESARROLLO EVOLUTIVO A TRAVÉS DEL JUEGO: 5 a 6 AÑOS:

Hacia los cinco años es muy común que el niño cree un amigo imaginario de juego. Siendo esto más frecuente en los que son hijos únicos o sin amigos.

El niño comienza también a buscar nuevos amigos, intentando con estas nuevas relaciones reafirmar su YO, advirtiendo que es capaz de entablar amistad de una forma muy rápida, pero a la vez deshacerla de la misma manera.

Tiene una actitud más realista. Es lógico en su actuar. Aprende a querer a las demás personas y a tener un mejor control sobre sí mismo.

Habla constantemente y pierde la característica infantil del lenguaje, pues ya tiene un mejor manejo de su vocabulario, al cual le ha añadido palabras más complejas. Distingue derecha e izquierda, ayer y mañana, y es capaz de copiar un triángulo.

Diferencia los sabores. No acepta la autoridad impuesta y realiza las órdenes con lentitud. Teniendo en cuenta esto, es importante escuchar cuando habla, responder a todas sus preguntas, dejarlo tomar responsabilidades y ayudarlo a prevenir accidentes.

En esta edad inventa juegos con reglas arbitrarias, al mismo tiempo que desarrolla la capacidad de intercambio.

Los juegos de representación son contundentes para la identificación de su propio sexo, logra que las representaciones que hace de sus padres a través del juego sean más realistas que en los años anteriores, así da cabida a una gama de personajes que antes no era capaz de introducir en el juego.

DESARROLLO EVOLUTIVO A TRAVÉS DEL JUEGO: 6 a 7 AÑOS:

A esta edad el niño se encuentra en actividad permanente, tiende al juego espontáneo y los grupales adquieren gran importancia, ya que esta en condiciones de agruparse y reconocer en sus amigos las semejanzas en sus gustos o en los intereses.

En los juegos representativos asume el rol con un carácter más organizado y realista.

Comienza a formar parte activa en el mundo exterior, mostrándose frecuentemente un poco más brusco y peleador si las cosas no le resultan como él pensó. Su capacidad imaginativa se acelera y comenzará aquí a coleccionar objetos que le ocuparán gran parte de su tiempo en organizar.

A los seis años será capaz de realizar mapas o planos de su habitación, del parque, de su casa, etc.

Como hemos observado es la etapa de la inquietud, convirtiendo su juego en algo complejo y más organizado, que requerirá de la compañía de otros niños.

Al iniciar los siete años se encuentra dispuesto para adquirir las bases para la lectura, la escritura y el cálculo.

Desarrolla un concepto definido de la forma, sus dibujos son los símbolos de los objetos que le rodean y dibuja repetidamente la misma figura humana, a un tiempo que es capaz de copiar un rombo.

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