¿Cómo afecta la altura a los deportistas?


¿Cómo afecta la altura en la capacidad de trabajo del deportista?

Los seres humanos suelen vivir en distintos lugares. Algunas ciudades se encuentran situadas sobre el nivel del mar, y otras a diferentes alturas sobre el nivel del mar.

A pesar de que en la mayoría de los casos es imperceptible, el aire de la atmósfera presenta un determinado "peso", que se traduce en una presión denominada atmosférica. A nivel del mar la presión atmosférica es de 760 mm de Hg. (miligramos de mercurio), lo que equivale a una atmósfera o a un torr.

Para entender mejor toda esta cuestión, hay que recordar que el aire es una mezcla de gases, siendo los más importantes en la función respiratoria de los seres humanos, el oxígeno y el gas carbónico.

A nivel del mar, la presión parcial del oxígeno en el aire es de 159 mm de Hg. Cuando el aire ingresa a los pulmones, a nivel de los alvéolos, la presión del oxígeno se reduce a 102 mm de Hg. La reducción de la presión del oxígeno a nivel de los alvéolos se debe a que constantemente el oxígeno está pasando del alvéolo a la sangre. Una vez la sangre abandona el alvéolo, la presión del oxígeno de la sangre arterial es de aproximadamente 100 mm de Hg.

Hay que entender que el gradiente de presión del oxígeno es una premisa imprescindible para obligar a éste a que pase de una manera rápida del alvéolo a la sangre. Por ejemplo, el gradiente de la presión del oxígeno entre el aire alveolar y la sangre es igual a 62 mm de Hg. (102 mm de Hg en el alvéolo menos 40 mm de Hg en la sangre venosa).

En la medida en que se gane altura, disminuye progresivamente la presión atmosférica y en consecuencia también disminuye la presión del oxígeno en el aire atmosférico y en el aire alveolar. La presión del oxígeno en la sangre venosa permanece más o menos igual.

El resultado es que disminuye el gradiente de concentración del oxígeno, es decir la fuerza que impulsa al oxígeno a dirigirse del alvéolo a la sangre y de la sangre a los tejidos a nivel de los capilares.



Por ejemplo, a nivel del mar, cuando la presión atmosférica es de 760 mm de Hg y la presión del oxígeno en el aire atmosférico es de 159 mm de Hg, la sangre se satura en un 97% de oxígeno. A una altura de 3 mil metros sobre el nivel del mar, la presión atmosférica disminuye a 526 mm de Hg y la presión del oxígeno se reduce a 100 mm de Hg.

En estas condiciones la saturación de la sangre es de un 90% de oxígeno. La saturación de oxígeno en la sangre llega a ser de sólo el 70%, cuando nos encontramos a una altura de 5 mil metros. En estas condiciones, la presión atmosférica es de 405 mm de Hg y la presión parcial de oxígeno en el aire atmosférico es de 75 mm de Hg.

El resultado final es que disminuye drásticamente el gradiente de presión de oxígeno entre la sangre a nivel de los capilares y los tejidos. De esta manera se produce un estado de hipoxia, es decir un estado crítico de insuficiencia de oxígeno.

El organismo de las personas que han nacido y que viven permanentemente en lugares de gran altura sobre el nivel del mar, sufre una serie de reacciones adaptativas que compensan la menor cantidad de oxígeno que se encuentra en la atmósfera. La cantidad de eritrocitos (glóbulos rojos) es mucho mayor.

Si una persona que vive en una ciudad situada en un valle o en la planicie tiene 5 millones de eritrocitos por milímetro cúbico de sangre, la persona habituada a las grandes alturas presenta entre 6 y 6 millones quinientos mil eritrocitos por milímetro cúbico de sangre. Una mayor cantidad de eritrocitos supone una mayor cantidad de hemoglobina y en consecuencia el transporte por la sangre de una mayor cantidad de oxígeno.

La respiración de las personas habituadas a las grandes alturas es muchos más profunda. Sus tejidos se encuentra mejor capilarizados y presentan una mayor cantidad de mitocondrias. Igualmente los músculos esqueléticos presentan una mayor cantidad de mioglobina y es mayor la actividad de los fermentos (enzimas) que participan en los procesos energéticos oxidativos.

El "problema" de la altura en relación al entrenamiento deportivo se presenta en dos direcciones. Primero, en saber neutralizar la influencia negativa de la altura cuando sin estar habituado a estas condiciones, el deportista debe competir en una ciudad que se encuentra a una determinada altura.

Segundo, en saber utilizar las condiciones de altura para producir cambios adaptativos en el organismo y de esta manera tener cierta ventaja cuando se compite en lugares de menor altitud.

El sólo hecho de encontrarse de un momento a otro en un sitio de gran altitud, aún estando en condiciones de reposo, provoca un estado de malestar llamado "mal de montaña". Es lógico entonces suponer que los sistemas suministradores de oxígeno a los tejidos deberán adecuarse a las nuevas condiciones, para tratar de enviar a éstos la misma cantidad de oxígeno, sin presentar el ambiente la misma disponibilidad de este preciado gas.

En estas condiciones la persona empieza a respirar más profundamente y se intensifica el trabajo del corazón. De esta manera se introduce una mayor cantidad de aire a nuestros pulmones, buscando compensar la menor cantidad de oxígeno que se encuentra en el aire atmosférico.

Lo anterior sería el lado bueno de las reacciones adaptativas de carácter operativo, es decir la expresión de efectos inmediatos. Sin embargo, al respirar más profundamente se esta comprometiendo no sólo la fase de inspiración, sino también la fase de espiración.

El organismo empieza a eliminar de una manera rápida el gas carbónico, producido por las reacciones metabólicas aeróbicas. Hay que recordar que el control de la respiración depende más del CO2 que del mismo oxígeno. La concentración del gas carbónico en la sangre debe estar muy bien regulada. Una eliminación rápida del gas carbónico puede producir alcalosis con aumentos del pH.



Si la estadía en un sitio con una gran altura sobre el nivel del mar es permanente, con el tiempo se logra un aumento de los eritrocitos. El estado de hipoxia permanente que sufre el organismo estimula la liberación de eritropoyetina y ésta, a su vez, estimula la médula ósea para que produzca una mayor cantidad de eritrocitos. Una vez que esto suceda, disminuye la hiperventilación y el trabajo del corazón, al tiempo que se liquida la posibilidad de que se presente la alcalosis respiratoria. Se puede concluir que la persona termina adaptándose a las condiciones de altura. Ahora, la adaptación de un deportista, en este caso, podría ser mucho más fácil y rápida.

Hasta el momento, con lo ya expuesto, se puede concluir que entrenar o competir en sitios de gran altura produce una disminución en la capacidad de trabajo, particularmente en deportistas cuyo componente aeróbico es de vital importancia para lograr un excelente desempeño deportivo. Los futbolistas, los corredores de distancias medias y largas, sufren en estas condiciones y tienen que realizar grandes esfuerzos para compensar la disminución de la presión parcial de oxígeno en el aire atmosférico.

Sin embargo, puede decirse que no todo es negativo cuando se realizan competencias a grandes alturas, ya que a medida que se gana altura disminuye la fuerza de la gravedad y el aire presenta menos resistencia a los objetos que se desplazan. Lo primero es fundamental en los saltos (alto, largo y con garrocha) y lo segundo determinante en los lanzamientos (jabalina, disco, bala y martillo). Es claro que los deportes con un fuerte componente anaeróbico no se ven afectados con la altura; al contrario, el competir en la altura en las modalidades deportivas anaeróbicas, puede ser ventajoso.

Algo para complementar lo ya explicado, es que con el aumento de la altura disminuyen la temperatura ambiente (aproximadamente 1°C cada ascenso de 150 metros) y la humedad relativa del aire. Al ser el aire más seco en las alturas, se pierde más agua en forma de vapor con la respiración.

A medida que se gane altura, mayor será la radiación solar. Una exposición al sol en ciudades como Bogotá, La Paz, Golmud, Quito, entre otras, produce un rápido bronceado en las partes del cuerpo expuestas a esta influencia.

En relación con las ventajas que existe con entrenar en condiciones de altura para posteriormente competir en la planicie, muchos especialistas consideran que se presentan muchas contradicciones al respecto. En primer lugar, no hay en la actualidad una unidad de criterios en relación con la nivelación de las alturas.

Por ejemplo, algunos sitúan las alturas medias entre los 1000-1200 metros sobre el nivel del mar (msnm), mientras que para otros las alturas medias se sitúan entre los 2000-2500 msnm. La mayoría de especialistas, basándose en los análisis de las reacciones fisiológicas que se presentan en diferentes alturas, proponen la siguiente clasificación:



Bajas alturas hasta los 800-1000 msnm. En estas alturas tanto en condiciones de reposo como durante la realización de algún trabajo físico moderado no se manifiesta insuficiencia de oxígeno. Sólo cuando la carga de trabajo es muy grande, se observan cambios funcionales que intentan neutralizar la disminución de la presión atmosférica.

Alturas medias oscilan entre los 800-1000 msnm y los 2500 msnm. En esta zona, aún realizando trabajos moderados, se presentan cambios en la esfera funcional del deportista, aunque en condiciones de reposo éste no experimenta la influencia negativa de la insuficiencia de oxígeno.

Grandes alturas. Se sitúan por encima de los 2500 metros sobre el nivel del mar (msnm). A este nivel, aún en condiciones de reposo, se presentan cambios de tipo funcional como resultado de la insuficiencia de oxígeno característica del ambiente.

¿Ocurre un aumento real de la capacidad de trabajo cuando se compite a nivel del mar, después de haber entrenado en la altura? ¿El entrenamiento en la altura es más efectivo que el entrenamiento en condiciones de nivel del mar? Las respuestas que se obtienen son contradictorias.

No hay duda que los deportistas que viven y entrenan deportes de resistencia en lugares situados a grandes alturas, presentan ventajas sobre los deportistas de resistencia que viven y entrenan a nivel mar, siempre y cuando la competencia se realice en el lugar de origen de los primeros deportistas, es decir en un sitio de gran altura.

Por otro lado, el vivir y entrenar durante largos períodos en ciudades situadas a gran altura, parece que no es suficiente para obtener una ventaja evidente sobre otros competidores, siempre y cuando la competencia se realice en una ciudad que se encuentra a nivel del mar.

En caso de aceptar las ventajas de entrenar en ciudades situadas a grandes alturas, cabe hacerse la pregunta ¿Cuál es la altura ideal para estimular ciertas reacciones adaptativas? La mayoría de las investigaciones y recomendaciones prácticas, así como la experiencia de trabajar en condiciones de altura, sitúan al diapasón entre los 1550 y 2200 metros sobre el nivel del mar.

Respecto al tiempo necesario para producir las reacciones adaptativas y garantizar la aclimatización del deportista, éste oscila entre los 3-5 días y los 10-12 días. El tiempo que dura el proceso de aclimatización depende de la edad y de la cualificación del deportista.

En los países de un alto desarrollo deportivo, simulan a nivel del mar mediante la utilización de barocámaras, estados de hipoxia, semejantes a los que se presentan en las grandes alturas. Es el llamado entrenamiento hipóxico artificial, para diferenciarlo del entrenamiento hipóxico natural, aquel que se lleva a cabo en las grandes alturas.

Es oportuno aclarar que el entrenamiento hipóxico artificial, debe utilizarse como un medio complementario al entrenamiento realizado en condiciones naturales de gran altura. Este tipo especial de entrenamiento no debe exceder más del 4-5% del volumen general del trabajo anual y no planearse en la semana que antecede las grandes competencias.

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