Fisiología del Buceo


La presión que ejerce el aire sobre el cuerpo de las personas será mayor cuando éstas estén situadas en lugares o ciudades ubicadas a nivel del mar. Habrá más aire sobre nuestras cabezas a nivel del mar, que a una altura de por ejemplo 2500-3000 metros. De ahí la relación inversamente proporcional entre la altura y la presión del aire atmosférico. A menor altura, mayor presión atmosférica y viceversa.

Cuando una persona se sumerge en el agua, además de la presión del aire, ésta sufrirá también la presión del agua, compuesto mucho más pesado que el aire. La relación entre la profundidad y la presión que ejerce el agua sobre el cuerpo es directamente proporcional. A medida que se gane profundidad dentro del agua, mayor será la presión ejercida y viceversa. Si a nivel del mar la presión atmosférica es de 760 mm de Hg, lo que equivale a 1 atmósfera, en la medida en que se avance hacia la profundidad del agua, la presión aumentará aproximadamente 1 atmósfera cada 10 metros. Lo anterior significa que a una profundidad de 10 metros, la presión ejercida por el agua será de 2 atmósferas, a los 20 metros el agua ejercerá 3 atmósfera de presión y así sucesivamente. A los 60 metros de profundidad, el agua ejercerá una presión de 7 atmósferas.

A diferencia de las grandes alturas, cuando la presión del oxígeno disminuye considerablemente, en las profundidades acuáticas por el contrario la presión del oxígeno y del nitrógeno a nivel del alvéolo, aumentan significativamente. Si a nivel del mar la presión alveolar del oxígeno y del nitrógeno es de 101 y 572 mm de Hg, respectivamente, a una profundidad de 30 metros, estos valores serán de 578 y 2375 mm de Hg, respectivamente. Es necesario recalcar que los otros componentes del aire espirado, como lo son el vapor de agua y la presión del CO2, no sufren variaciones, independientemente de si una persona se encuentra a nivel del mar o a una profundidad de 30 metros o más. En ambas circunstancias, estos valores serán de 47 mm de Hg para la presión del vapor de agua, y de 40 mm de Hg para la presión del gas carbónico.



Con lo anterior se clarifica que el "problema" de la inmersión radica en los gases nitrógeno y oxígeno. En condiciones de nivel del mar, la hemoglobina libera el oxígeno hacia los tejidos con presiones que oscilan entre los 20 y 45 mm de Hg. Las células reciben justo el oxígeno que requieran, dependiendo del nivel metabólico de los tejidos. Hay que recordar que el 99% del oxígeno que reciben los tejidos proviene de la oxihemoglobina, y solamente el 1% del oxígeno que viaja por la sangre, lo hace disuelto en ésta.

Expertos consideran que a profundidades de 30 y más metros, la presión del oxígeno es tan alta que buena parte de éste viaja diluido en la sangre. Al llegar a los tejidos, el oxígeno abandona la sangre y llega a éstos con presiones muy altas, pudiendo lesionar las células o haciendo que trabajen anormalmente. Como siempre, el cerebro es el órgano más vulnerable a la intoxicación por oxígeno, presentándose convulsiones o estado de coma en los buzos.

Aunque el nitrógeno que ingresa por la respiración no participa en las reacciones metabólicas de nuestro organismo, cuando a nivel del alvéolo la presión de este gas es muy alta, como en realidad sucede en la inmersión profunda, el nitrógeno que se diluye en los líquidos corporales funciona como un poderoso anestésico sobre las neuronas del sistema nervioso central. Hasta aproximadamente los 60 metros de profundidad, el efecto anestésico por intoxicación con nitrógeno es casi imperceptible. Por debajo de esta profundidad, el buzo siente, primero euforia (éxtasis en las profundidades) y después caerá en sueño profundo (narcosis por nitrógeno). La sustitución del nitrógeno por Helio, en la mezcla respiratoria del buzo, disminuye el peligro de sufrir un estado de narcosis, a raíz de que el Helio no produce efectos narcotizantes sobre el sistema nervioso.

A grandes profundidades, se encuentra diluido en los líquidos corporales una gran cantidad de nitrógeno a gran presión. Si el buzo asciende hacia la superficie del agua de una manera lenta, a medida que disminuya la presión que sobre él ejerce el agua, disminuye la presión al nivel de los alvéolos del oxígeno y del nitrógeno. Simplemente todo se reversa de manera lenta y progresiva. Si por alguna razón el buzo se ve obligado a ascender hacia la superficie de una manera muy rápida, se presenta la enfermedad de la descompresión. El nitrógeno intentará escapar de los líquidos corporales a gran presión, produciendo una gran cantidad de burbujas y ejerciendo presión sobre las células de los más diversos tejidos, particularmente sobre las neuronas del sistema nervioso central. El buzo puede verse afectado en sus capacidades mentales y puede llegar a sufrir parálisis muscular permanente.

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