Desarrollo psicológico y emocional en los adolescentes


En este artículo nos concentraremos en los aspectos psicológicos y emocionales que hacen de la adolescencia una etapa muy importante y, a la vez, en la mayoría de los casos, difícil de sobrellevar, por sus enormes implicaciones para el adolescente y su entorno. Como recuerdo breve, el término adolescencia proviene del latín adolescere que significa crecer, desarrollarse, lo cual se manifiesta tanto desde el punto de vista físico como del psicológico. La salud integral de los adolescentes nos debe interesar a todos; por lo tanto su promoción y cuidado es responsabilidad del Estado, la comunidad educativa y social, la familia y del propio adolescente.

Con la información expuesta en este artículo buscamos brindarles una oportunidad para reflexionar sobre el impacto emocional que los cambios en la adolescencia provocan tanto en el adolescente como en su entorno, y darles algunas pautas que le ayuden al joven a llevar a cabo su proceso de adolescente lo más sanamente posible. Desde el punto de vista psicológico, la adolescencia, es un periodo de transición en el cual el joven deberá enfrentar múltiples tareas hacia la construcción de su identidad como individuo más autónomo.

La llegada a la adolescencia es un logro del desarrollo y a la vez una pérdida. Esto significa que la infancia ha sido superada en varios aspectos y la persona se encuentra lista para la siguiente etapa. En el transcurrir de la adolescencia los aspectos infantiles se irán poniendo a prueba y el joven se enfrentará al conflicto permanente entre dos tendencias: persistir en ser niño y seguir gozando de los privilegios que tenía por ser dependiente y obediente de los adultos, o empezar a mostrarse más autónomo y responsable de sí mismo, reducir la dependencia y distanciarse mentalmente de los padres para continuar su proceso de individualización y construcción de su propia identidad.



Algunos describen escribe que en la adolescencia predomina la etapa de ‘La Identidad Vs. la Confusión de rol’, en la cual la meta es consolidar la identidad personal a través de experimentar progresivamente una sensación de confianza y autenticidad acerca de sus rasgos personales que permitirá una elección vocacional o de carrera como medio para continuar hacia la adultez. A lo anterior se le agregan las metas del adolescente como la consolidación de una imagen corporal realista y la mayor claridad subjetiva sobre su propio género sexual. La amenaza en esta etapa es la de permanecer en la confusión del rol, que se manifestará en una o varias de estas características: 1) la tendencia a dejarse llevar por las opiniones de otros de su grupo social, con poca capacidad para identificar o sostener las propias, 2) la presencia de actitudes y rasgos de carácter contradictorios que dan lugar a sentimientos de inseguridad. 3) las dificultades para hacer una elección vocacional o de carrera, lo cual viene acompañado de mucha ansiedad, 4) el relativismo moral con propensión a la transgresión o el incumplimiento de normas. 5) las alteraciones y distorsiones de la imagen corporal y 6) la confusión en la identidad de género y orientación sexual.

La constante lucha interna que enfrenta el adolescente en la construcción de su identidad se vuelve extrema a su entorno, haciendo de esta etapa vital una particularmente compleja, conflictiva, y en muchos casos incluso violenta. Las emociones que surgen en los adolescentes y sus personas cercanas suelen ser intensas y volátiles. Los cambios de estado de ánimo son frecuentes y la propensión a la impulsividad puede ser marcada en algunos casos, lo cual los hace proclives a asumir conductas de riesgo. A su vez, esto produce en el entorno (padres, hermanos, profesores, compañeros) mayor tendencia a la reacción abrupta, creándose situaciones de descarga emocional mediante peleas y confrontaciones. La actitud firme y a la vez conciliadora de los adultos en el manejo de la situación es determinante para evitar consecuencias graves a veces irreversibles.

La mayor energía corporal, la curiosidad, la experiencia subjetiva de omnipotencia y la necesidad de experimentar por sí mismos, en combinación con sus rasgos de personalidad particulares, lleva a muchos adolescentes a exponerse a situaciones de peligro, como al uso de sustancias psicoactivas, a asumir conductas temerarias y extremas que llevan a la accidentalidad y a iniciar tempranamente la actividad íntima con la pareja o a practicarla sin protección, entre otras. Desde el punto de vista neurocientífico, algunos explican que esto debido a que el área frontal del cerebro encargada del control de impulsos y las funciones ejecutivas estará aún en desarrollo hasta aproximadamente los 20 años. Es decir, la capacidad del individuo para hacer elecciones responsables dependerá de que pueda inhibir sus impulsos mediante el desarrollo y la activación oportuna de los lóbulos prefrontales.



Teniendo en cuenta lo anterior, muchas conductas impulsivas estarán presentes en la adolescencia sin que estén necesariamente asociadas con un trastorno mental, el cual puede o no estar presente. Sin embargo, según estudios recientes, varios trastornos tenían su edad de inicio en este periodo, por ejemplo: la dependencia de sustancias psicoactivas a los 18 años, los de ansiedad entre los 14 y los 18 años, el comportamiento disocial a los 10 años y la bulimia nerviosa a los 15 años. Aun cuando difícilmente se puede plantear que la adolescencia se supera por completo, la tendencia del ser humano al desarrollo facilitará que, en su gran mayoría, los individuos logren iniciar su adultez temprana con una identidad bastante consolidada.

Es frecuente que padres, familiares y personas cercanas se sientan sorprendidos, confundidos e incluso angustiados por los cambios que tienen los jóvenes. Se debe tener en cuenta que ellos, a su vez, también lo están. En la mayoría de los casos los adultos recuerdan con nostalgia cómo solían ser hasta hace poco los adolescentes, extrañando lo obedientes y cercanos que se mostraban. Ahora los perciben distantes, menos comunicativos, desafiantes, distraídos, menos responsables con sus obligaciones y muy interesados en los videojuegos, en salir con sus amigos o en comunicarse vía chat, facebook u otras redes sociales, hasta tarde. Es un hecho, la infancia ha terminado. Los cambios, aún muy burdos y toscos, le producen mucha ansiedad al adolescente, y naturalmente preocupan a los padres, quienes se preguntan con pánico si sus hijos se quedarán así para siempre. En aras de lograr mayor comprensión y una actitud empática, puede ser útil que los padres y adultos cercanos recuerden su propia experiencia como adolescentes, para poder entender mejor y sobrellevar esta situación con sus hijos, sobrinos, etc.

La ayuda de los padres y adultos en la adolescencia es tan importante como lo fue en la infancia. La tarea es la de estar presente para cuidar, educar y especialmente servir de modelos de identificación para los menores. La clave aquí es estar presente reconociendo las dificultades por las que atraviesa el joven y acompañándolo en el proceso de ser adolescente, estando atento a ayudarlo oportunamente ante los riesgos que asume. Para que adquiera autonomía, debe permitírsele algo de autonomía de forma progresiva. El adolescente deberá aprender a usar sus recursos gradualmente y es tarea de los adultos facilitar ese proceso a pesar de los temores que se les presentan de darles libertad por miedo al desenfreno. Las herramientas fundamentales con las que cuenta el adulto son la presencia, el tiempo y la comunicación.



Se llaman pares o iguales, a quienes conforman el grupo más cercano de amigos o compañeros. Ellos jugarán también un importante papel durante el desarrollo del adolescente. El grupo aporta seguridad e identidad en un momento en el que se enfrenta a una crisis de identidad. La influencia que ejerce el grupo par sobre el adolescente, algunas veces lo lleva a sentirse en contradicción con la influencia que ejercen los padres. Esto produce un conflicto interno, en ocasiones intenso.

Psicológicamente se entiende que el grupo de pares invita a experimentar nuevas situaciones, a poner a prueba los límites, a oponerse a reglas y normas y a intentar salir invicto de dichas transgresiones. Los padres y los adultos, con su ejemplo, recuerdan lo importante que es ser responsables, respetuosos de las normas y cumplir con lo establecido. La función del grupo par es la de representar lo impulsivo, lo trasgresor, la curiosidad, y la función de los padres y de los adultos la de representar el control del impulso, el límite, lo seguro y lo discreto. La presencia de ambos, lo impulsivo y su control, lo transgresor y el límite, la curiosidad y la discreción, es útil y necesaria para permitir que el adolescente vaya logrando integrar ambos aspectos contradictorios en su personalidad, de tal manera que aprenda a regular y dominar los impulsos y así utilizarlos como recursos en caso de necesidad y cuando las circunstancias lo ameriten. Como adultos ellos esperan que los adolescentes vayan incorporando el valor de los límites y las normas de tal manera que puedan asumirlos con convicción y no exclusivamente por obligación.

El interés de los adultos en calidad de padres y familiares, educadores y profesionales de la salud, es el de promover la salud integral y el desarrollo del adolescente para que continúe su camino hacia una adultez lo más sana posible. La presencia, el apoyo y la comprensión que reciban de la parte de los adultos es la base estable que requieren para tolerar la inestabilidad de esta etapa, llena de cambios y transiciones, mientras van respondiendo a las preguntas que le dan y darán un sentido particular y personal a su existencia. Las habilidades comunicativas que usen los adultos con el adolescente serán modelo para que ellos desarrollen sus propias habilidades. La capacidad para dirigirnse a ellos con firmeza y cariño trasmitirá el interés en su bienestar. El autoritarismo y la severidad del adulto provocan respuestas desafiantes y hostiles en el joven, las cuales a su vez promueven mayor distanciamiento y desconfianza del entorno. No se trata de que como adultos seamos ‘amigos’ de los jóvenes; ellos ya tienen sus pares. Lo que necesitan son padres, familiares y profesores cercanos, firmes y sobre todo confiables y capaces de regular sus propios estados emocionales para ayudarlos con los suyos. Se debe recordar que en todo ser humano hay un gran potencial, y es nuestro deber ayudar a desarrollarlo.

La travesía por la adolescencia con su naturaleza turbulenta y volátil propia de los cambios en este periodo, produce variadas respuestas tanto en el adolescente como en su entorno, que no deben ser entendidas como una enfermedad; aunque esta es una etapa con alta propensión a desarrollar trastornos emocionales o asumir conductas de riesgo. Lo descrito explica algunas de las respuestas emocionales posibles que enfrentan los adolescentes y que estarán determinadas por factores de personalidad, biológicos, familiares y socioculturales. La combinación de estos factores en un determinado momento favorecerá o dificultará que el adolescente vaya definiendo la pregunta fundamental sobre sí mismo: su identidad. La presencia, el apoyo, la comunicación y la comprensión que reciban de parte de padres, familiares y profesores, es la base estable que requieren para tolerar la inestabilidad de esta etapa. Las habilidades comunicativas que como adultos usemos con el adolescente serán modelo para que ellos desarrollen sus propias habilidades de comunicación.

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