Tipos de adaptación en el entrenamiento deportivo y con pesas


Es oportuno mencionar que cualquier aumento en la actividad muscular provoca, a su vez, un aumento en el nivel metabólico de muchos sistemas, en particular el muscular esquelético. Simplemente hay que decir que los músculos comprometidos durante algún tipo de ejercicio físico, como los esqueléticos, cardíaco y respiratorios, reclaman una mayor cantidad de oxígeno y de nutrientes; para que se cumpla lo anterior, es necesario que el organismo, por reflejo, active todos los sub-sistemas encargados de garantizar la movilización de los recursos energéticos. Con este propósito, el sistema nervioso simpático provocará efectos crono e inotrópicos positivos sobre la actividad cardíaca, vasoconstricción en los vasos que irrigan a los órganos de la cavidad abdominal (porque éstos no están muy comprometidos cuando se practica ejercicio), vasodilatación de los vasos que irrigan la musculatura esquelética, mecanismos ambos que garantizan una correcta redistribución de la sangre en condiciones de trabajo muscular; al mismo tiempo, la médula suprarrenal responderá a la influencia simpática secretando una mayor cantidad de la catecolamina adrenalina, hormona encargada de reforzar la actividad del sistema nervioso simpático y responsable de la movilización de los recursos energéticos, buscando que el organismo disponga de una mayor cantidad de materia prima para la producción de energía. La hormona en cuestión obliga al hígado a que desdoble glucógeno hepático hasta glucosa (en caso de ser necesario), mediante el mecanismo o proceso bioquímico denominado glucogenólisis.

Además de lo ya mencionado, las arterias coronarias se dilatan al igual que los bronquios, mientras que el bazo (reservorio de sangre) se contrae. De ahí se justifica que a la adrenalina también se le conozca como la "hormona de la alarma". Esta hormona prepara al organismo para el ataque o huida. En el caso de la actividad muscular, prepara y "sobreexige" al organismo en los trabajos realizados en caso de ser necesario. Esta hormona también es conocida como epinefrina.



El mecanismo ya descrito, en relación a la hormona adrenalina, el cual se presenta en personas cuyos organismos están o no están entrenados, se denomina "adaptación operativa o inmediata", debido a que los efectos de tipo funcional son inmediatos: aceleramiento de la frecuencia cardíaca, aumentos del volumen sistólico y del gasto cardíaco, aumento de la ventilación pulmonar, aumento de la presión arterial, mayor movilización de los recursos energéticos (glucogenólisis y posiblemente lipólisis). Durante la adaptación operativa no se presentan cambios estructurales en los órganos.

Cuando la estimulación (carga física) actúa sobre el organismo de una manera sistemática, como sucede con los entrenamientos deportivos y/o de pesas, paulatinamente se presentan cambios de tipo estructural en los órganos comprometidos, es decir en aquellos sobre los que recae la carga de trabajo. Esto hace referencia al principio de la "especificidad del entrenamiento deportivo".

La reacción de respuesta del organismo que involucra además de la movilización de los recursos energéticos, cambios en la estructura de los órganos comprometidos, lo que demanda la movilización de los recursos plásticos (aminoácidos), se denomina adaptación crónica o permanente, a raíz de que los cambios en la estructura-función son "permanentes", siempre y cuando el estímulo continúe accionando sobre el órgano o sistema. Estos cambios tienen relación con el principio de la "sistematización". Simplemente, si el entrenamiento no es sistemático, no se producirán los efectos permanentes en los órganos o sistemas.

¿Cómo se produce la movilización extracelular de los recursos plásticos, es decir de los aminoácidos? Como respuesta a un estimulo perturbador, es decir a un estado de estrés, la hipófisis anterior secretará la hormona adrenocorticotrópica (ACTH), también conocida como corticotropina. La hormona ACTH se convierte en el primer mensajero (mensajero extracelular) en relación con la corteza suprarrenal, obligando a ésta a secretar las hormonas glucocorticoides (cortisol o hidrocortisona, corticosterona y cortisona).



El cortisol (hormona de la adaptación), produce muchos efectos sobre la movilización de los recursos energéticos y el plástico. El cortisol estimula la gluconeogénesis a partir de las proteínas y el glicerol de las grasas. El resultado se traduce en un aumento en la concentración de la glucosa sanguínea. El cortisol participa en la movilización de los ácidos grasos, procedentes de los depósitos de grasa. En relación con la adaptación crónica, el efecto más importante del cortisol tiene que ver con la movilización de los aminoácidos. Se han observado aumentos considerables de la concentración de aminoácidos en la sangre bajo la influencia del cortisol. Un exceso de proteínas principales circulando por la sangre debido a la influencia del cortisol, es un efecto muy importante por cuanto los aminoácidos serán utilizados para la reparación de tejidos y/o la restructuración del órgano sobrecargado, mediante los procesos de hipertrofia e hiperplasia.

¿Cuál es la relación entre la adaptación operativa y la adaptación crónica? ¿Qué papel desempeña el ejercicio físico en esta relación? En primer lugar, el ejercicio bien dosificado y aplicado en forma sistemática es un poderoso estímulo que induce al perfeccionamiento de los mecanismos neuro-hormonales, responsables de la movilización de los recursos energéticos y plásticos del organismo. En segundo lugar, el ejercicio físico es un poderoso perturbador de la homeostasia del organismo, es decir del equilibrio dinámico de su medio interno, lo que en última instancia provocará un perfeccionamiento de los mecanismos homeostáticos responsables de mantener la "normalidad" y/o "anormalidad no fatal" del organismo. Ambos roles son indispensables en el perfeccionamiento de la funcionalidad una vez se hayan presentado cambios en la estructura de los órganos y sistemas funcionales más comprometidos durante la actividad muscular.

¿Qué es lo que provoca los cambios estructurales? La clave de todo está en la interrelación que se presenta entre la función y el aparato genético de la célula. Un órgano aún no hipertrofiado obligado a realizar una "hiperfunsión" genera un desequilibrio temporal, mismo desequilibrio que será corregido por este órgano a través de las vías de los cambios estructurales, es decir a través de los procesos de hipertrofia e hiperplasia. El resultado final será una mejoría en la funcionalidad del órgano o sistema "trabajado".



La figura anterior muestra una relación existente entre la adaptación operativa(movilización de los recursos energéticos) y la adaptación crónica (además de la movilización de los recursos energéticos, ocurre la movilización del recurso plástico: aminoácidos; se presentan cambios en la estructura del órgano y claras mejorías en su funcionalidad). En este caso se puede hacer referencia a una movilización intracelular del recurso plástico (de reparación y construcción), comprometiéndose el aparato genético de la célula, activado a su debido tiempo por un factor regulador. Es claro que el factor regulador controla la actividad del aparato genético y determina la velocidad con que se sintetizan los ácidos nucleicos y las proteínas específicas de la célula. Para el caso de la activación del aparato genético de la célula, el factor regulador debe ser el cortisol, hormona liposoluble capaz de atravesar la membrana plasmática por un proceso de difusión pasiva.



Los receptores que interactúan con algunas de las hormonas liposolubles se localizan en el citoplasma. El receptor citoplasmático, una vez reacciona con la hormona, se traslada al núcleo de las células y lo penetran, incrementando la producción de ácido ribonucleico mensajero (RNAm). El resultado final es un incremento en la síntesis de proteína específica. La fibra muscular esquelética, por ejemplo, contará con material de construcción disponible para iniciar el proceso de reestructuración interna. Todos los cambios estructurales ocurridos en los órganos y en los tejidos, como respuesta adaptativa a la carga física, desde la hipertrofia de las motoneuronas hasta la hipertrofia de los músculos esqueléticos y cardíaco, transcurren por el mismo camino: activación de la síntesis de ácidos nucleicos y proteína específica.

Relación del estado de estrés con la adaptación

Adaptarse a una determinada situación, siempre demanda del organismo la movilización de todos sus recursos, la activación de sus principales órganos y sistemas. Un estímulo estresante siempre termina perturbando la homeostasia del medio interno y a su vez, activando los mecanismos homeostáticos defensores de la estabilidad del organismo. El síndrome adaptativo general se refiere a que el organismo logra nuevos niveles de estabilidad psico-funcional, como respuesta a la acción de estímulos de fuerza "supramaximal".

Con la participación de la hormona adrenalina, el organismo moviliza sus recursos energéticos al tiempo que refuerza la actividad del sistema nervioso simpático; el resultado es un aumento de la funcionalidad del organismo y su preparación para atacar o huir. En este caso se hace referencia a la fase de alarma. Es probable que el organismo salga victorioso del reto y logre neutralizar el estímulo causante del estado de tensión o "estrés supremo". De la fase de alarma se pasa a la fase de estabilidad, de adaptación, en la que juega un papel decisivo la hormona cortisol. Cuando el organismo no logra neutralizar al estímulo de fuerza supramaximal, se presenta una fase de agotamiento; el organismo se debilita y puede morir.

En la práctica deportiva, el deportista diariamente es sometido a cargas de entrenamiento cada vez más voluminosas, más intensas, más duraderas. Es de esperarse que el proceso del entrenamiento deportivo (a pesar de ser controlado) nunca conlleve a la tercera fase de agotamiento. La fase de alarma se observa casi a diario mientras que la fase de estabilidad se observa en los microciclos y mesociclos de entrenamiento. Siempre es necesario aplicar la carga física de una manera sistemática y escalonada. En cada escalón se presentan los procesos de restauración de los órganos que involucran el aparato genético de la célula. Lo anterior significa que la fatiga no se manifieste en el organismo del deportista. De hecho se debe manifestar, pero obviamente una fatiga de tipo funcional y en ningún momento de tipo patológico.

No siempre el proceso de entrenamiento deportivo es bien controlado. Cuando el entrenador forja el proceso, cuando se aplican cargas de entrenamiento cuyos para´metros se encuentran muy por encima de las posibilidades funcionales del deportista, cuando no se respeta la relación trabajo-descanso, carga-recuperación, cuando no se respetan las particularidades del crecimiento y desarrollo de los niños y jóvenes, cuando no se crean las condiciones mínimas del llamado entrenamiento invisible (nutrición, óptima calidad de vida, condiciones de higiene, etc.), es muy probable que se presente el estado de agotamiento (también denominado sobreentrenamiento).

Relación de la adaptación y las reservas funcionales

Es lógico suponer que el organismo responderá eficientemente a los estímulos supramaximales, si cuenta con considerables reservas que involucran las más diversas esferas de nuestro organismo. Se puede hablar de reservas funcionales, de reservas bioquímicas, de reservas psicológicas. Las reservas del organismo hacen referencia a la cantidad de energía latente con que contamos y que podemos utilizar en situaciones de máxima exigencia.

La naturaleza dotó a todos los seres vivos con grandes capacidades de sobrevivir, aún en condiciones extremas. En la práctica deportiva, la expresión cuantitativa de las reservas funcionales se determina calculando la diferencia entre los valores logrados cuando el sistema se activa en forma máxima y los valores del sistema en condiciones de reposo. Por ejemplo, en relación con la frecuencia cardíaca, la reserva de un deportista entrenado puede ser de 155 pulsaciones por minuto (200-45), mientras que en una persona sedentaria la reserva es de 105 pulsaciones (175-70). La diferencia del gasto cardíaco, también es significativa entre un deportista y un sedentario: 25 litros de sangre por minuto en un gran deportista y 15 litros en un sedentario.

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