¿Cuándo perdonar una traición o una agresión?

Es bueno no tener nuestra conciencia tranquila y andar sin rencores. Por esta razón es importante saber cuándo perdonar algún tipo de traición o agresión física, verbal o de conducta. A través de nuestro día a día daremos con pequeños malentendidos y desencuentros donde la palabra “perdón” se utiliza y reutiliza permanentemente sin mayores consecuencias ni rastros: como por ejemplo cuando llegamos tarde a una cita, porque dimos un empujón sin querer o le pisamos a alguien un pie. “Perdón”, y en estas pequeñas cosas el perdón está casi garantizado.

La cuestión es un tanto más compleja cuando se hace un daño real o grande, físico, mental o verbal de manera intencional o no. Cuando por ejemplo defraudamos a la persona que queremos o amamos, se genera una “herida" profunda que con una simple disculpa o un acto vago, no se alcanza cerrar. Aquí el perdón requiere algo más que una expresión verbal: requiere un proceso.

Verbalizar un “te perdono" es relativamente fácil, es políticamente correcto y puede ser una decisión consciente que significa más un “dejo las cosas donde están, paro el espiral y no tomo retaliación" que un “te perdono" real, en el que ya no hay dolor, emociones y sentimientos desbordantes que puedan alterar de una manera u otra a la persona herida.

También puede ser una actitud de negación del problema, un “aquí no pasó nada", cuando realmente sí pasó algo que dejó huella para mal, algo importante que debe atendido y que si se esconde, puede aparecer luego en actitudes agresivas o pasivas, que pueden reflejarse en síntomas y enfermedades que son causa del estrés que a causa de ese dolor físico y emocional se manifiesta.

¿Borrón y cuenta nueva ante una traición o posible agresión?





El perdón y el olvido no son un “punto cero" desde el cual comenzar una nueva historia. El punto cero real es en el que ocurrieron los hechos, en el que tuvo lugar la ruptura y se dio la confrontación. Aceptar y reconocer esa situación es el primer paso para sanar. La herida produce dolor, sufrimiento, miedo, ira. tristeza. 1 lasta que no se atienda esa herida y no se vea todo ese movimiento emocional que se ha generado, toda esa angustia y sufrimiento, no hay posibilidad de perdón.

Frente al que genera esa herida que se abre por culpa de la agresión recibida, hay miles de reacciones posibles: negación; retaliación directa (nos separamos y no vuelves a ver a tus hijos); retaliación indirecta o pasivo-agresiva (por alguna razón tu ropa ha desaparecido): enganche al dolor (para asegurarse que no lo olvidarán y no les ocurrirá de nuevo); manipulación tomando una actitud de víctimas y sacando provecho de la culpa del otro.

Lo más sano es enfrentar la situación desde los hechos: qué pasó, qué se generó, qué se va a hacer al respecto por parte y parte, es decir del agresor y del agredido.

Vivir el proceso significa pasar por todas las etapas lógicas del duelo: reconocer los hechos, las consecuencias físicas, emocionales y materiales. En el caso del que ocasiona el daño, reconocerlo y "arrepentirse“ (arrepentirse de verdad y no con algo vago), valorar el dolor del otro y generar un proceso de reparación (no solo hablando de dinero, sino de reconocimiento y atención a las heridas) para luego tener la posibilidad del perdón (propio y del otro).

El afectado, por su parte, necesita digerir la situación (requiere un tiempo individual e indefinido) y sobreponerse al dolor para continuar con su vida y su relación con el otro (sea de la manera que sea, incluyendo distanciamiento o ruptura), pero en función de presente y futuro, no de pasado.

¿Todo se puede perdonar?





Hay errores, actos que hieren sin que esa sea la intención, pero también hay actos de mala fe. Por ello la justificación no es efectiva en los procesos de búsqueda del perdón. A veces no es bueno buscar excusas ni el porqué de la agresión directa o indirecta, sino simplemente pedir perdón de una u otra manera. Hay cosas que simplemente no deben pasar, pero pasan y la pregunta es ¿qué hacer de allí en adelante?

Toda herida se puede sanar, entendiéndola como un proceso que deja de interferir en la vida de quien la sufre y éste puede continuar con su presente y su futuro sin que lo ocurrido sea un determinante. Perdonar significa aceptar los hechos y liberarse de la carga que éstos suponen.

El perdón es un “regalo” hacia la otra persona, pero más que nada, un regalo para sí mismo. El permiso de continuar una vida sin cargas. Perdonar en la mayoría de los casos puede "aliviar" el alma. No obstante, a veces no sucede de la noche a la mañana y es inteligible que ciertas cosas requieran su tiempo para que el perdón sea verdadero, de corazón.

El olvido como “borrón y cuenta nueva" es más un ideal que casi todas las personas quisieran, que una verdadera realidad, porque a veces no es bueno perdonar ciertas cosas, o perdonarlas pero sabiendo que la relación social, familiar o de pareja no será igual. A veces es difícil olvidar y sanar una herida completamente. Hay quienes perdonan pero no olvidan, y en cualquier momento "sacan" a la luz en cara este tipo de cosas. Quienes esperan después de una ruptura de este tipo, un “todo volverá a ser igual" están pidiendo un imposible.

Todo cambia minuto a minuto y tras una sacudida como la que supone una “traición”, cambia mucho más. La cuestión es si se es capaz y se cuenta con la suficiente madurez para lograr aprovechar esa situación para mejorar y reforzar la relación, fortalecer sus puntos débiles, aclarar los puntos oscuros y poner las cosas en su lugar o si se descubre que definitivamente salvar la brecha no es posible. El olvido sería entonces ese "no tomo retaliación, suelto la situación, sigo mi vida y que la otra persona siga la suya".

Cuando el "culpable" se defiende, disculpa sus actos y se justifica, y no permite que la otra persona baje las armas y haga el reconocimiento de su herida porque esto significaría volverse vulnerable.

Ahí aparecen los procesos de compensación: ira, deseos de venganza, deseo de que el otro pague, pero no es más que una fuerza inconsciente que quiere que el otro reconozca lo que no quiere reconocer.

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